Últimamente, cuando abrimos Instagram, tenemos una sensación extraña. Reconocemos las cuentas por el logo, pero ya no sabemos quién escribe qué. El tono es el mismo, las palabras son las mismas, la estructura es la misma. Un post sobre un restaurante suena igual que uno sobre un sorteo de una bicicleta y casi igual que algunos posts institucionales que, en teoría, deberían ser un pelín más diferentes.
La IA ha democratizado la producción de contenido. (o eso dicen)
Todo el mundo tiene derecho a llegar a más gente, aunque sus recursos sean limitados. Sin embargo, esto también tiene un efecto secundario que estamos tardando en nombrar: cuando todo el mundo usa la misma herramienta con los mismos prompts, el resultado es una homogeneización masiva del discurso. Y lo más curioso (y preocupante) es que no solo afecta a los textos: está afectando a cómo pensamos y hablamos.
A nosotras mismas nos pasa (nadie se libra). Vamos a escribir algo y notamos que las palabras que nos salen parecen palabras generadas por la IA. Estamos contaminadas. Y eso tiene consecuencias reales para cualquier persona o empresa que quiera comunicar algo.
Tener voz propia no es un capricho estético, es estrategia.
En un contexto donde todo suena igual, sonar distinto es una ventaja competitiva. No porque lo diferente sea mejor per se, sino porque lo diferente se recuerda y lo que se recuerda genera confianza. Y la confianza es lo que convierte a alguien que te lee en alguien que te contrata, te recomienda o te sigue durante años.
La voz de una marca no es el logo ni los colores. Es la forma en que esa marca piensa: sus contradicciones, sus obsesiones, sus referencias, su sentido del humor o lo que la indigna. Eso no se puede delegar completamente, porque eso es precisamente lo que te hace reconocible.
Cuando delegamos nuestra voz en una herramienta que optimiza para la media, renunciamos a lo único que nos diferencia: nuestra personalidad y nuestro punto de vista.
Por eso, utilizar la IA para comunicar es (casi siempre) contraproducente.
Los textos generados íntegramente por ChatGPT son aburridos, largos, pierden la atención del lector en el segundo párrafo. Y esto no ocurre porque la tecnología sea mala, sino porque la IA escribe sin experiencia. No ha vivido nada, no ha fracasado en nada, no tiene ningún interés real en lo que dice. El texto puede ser correcto, pero le falta “alma”.
Por ejemplo, veamos unos posts escritos por ChatGPT para la ocasión (os premiaremos si conseguís leer ambos hasta el final sin distraeros):
Firma de abogados
En un mundo cada vez más complejo y en constante evolución, contar con el respaldo legal adecuado no es un lujo: es una necesidad vital.
En [Nombre del despacho], nuestro equipo de profesionales altamente cualificados trabaja de forma proactiva, innovadora y comprometida para facilitar soluciones jurídicas integrales, maximizando la protección de tus intereses y alineando cada estrategia con tus necesidades específicas.
Sin duda, contar con un asesoramiento jurídico robusto y eficiente es la base de cualquier decisión empresarial o personal sólida. Es importante tener en cuenta que cada caso es único, y por ello implementamos un enfoque sinérgico y dinámico que garantiza resultados óptimos.
En consecuencia, nuestra misión es transformar la complejidad legal en tranquilidad para ti.
¿Tienes alguna duda legal? ¡Escríbenos sin compromiso! #abogados #asesoríajurídica #confianza #profesionales #derecho #innovación #transformación
Peluquería
¿Sabías que tu cabello es tu carta de presentación al mundo?
En [Nombre del salón], nos apasiona transformar no solo tu imagen, sino también tu confianza y bienestar integral. Nuestro equipo de estilistas altamente especializados utiliza productos de alta gama y técnicas innovadoras para facilitar una experiencia única, personalizada y verdaderamente transformadora.
Sin duda, cuidar tu cabello es una inversión invaluable en ti misma. Vale la pena señalar que, además de la estética, en nuestro salón maximizamos tu tiempo y subrayamos la importancia del autocuidado como eje de tu bienestar. Por ello, cada visita es una experiencia vibrante y estimulante.
Reserva tu cita ahora y da el paso hacia la mejor versión de ti. #peluquería #belleza #cabello #transformación #bienestar #optimización #autocuidado
¿Los reconocéis?
Probablemente sí, porque los habéis visto mil veces pero con distintos logos. Eso es exactamente el problema: el contenido podría pertenecer a cualquiera. La peluquería suena como los abogados. Los abogados suenan como la peluquería. Y los dos suenan como una presentación corporativa de PowerPoint en 2016.
La IA puede ser útil para estructurar ideas, para corregir, para desatascar un bloqueo creativo. Pero si la dejas escribir sola, lo que obtienes es un texto que podría ser de cualquiera. Y en comunicación, ser de cualquiera es exactamente lo mismo que no ser de nadie.
A este fenómeno lo podríamos llamar “el algoritmo del pensamiento único”. Hay un repertorio de adjetivos que se han convertido en la firma involuntaria de los textos generados por IA. “Innovador”. “Transformador”. “Holístico”. “Disruptivo”. “Apasionante”. Palabras que, en muchas ocasiones, no dicen nada concreto.
La IA no tiene opinión, tiene patrones. Y cuando le pides que escriba algo, busca el patrón más probable para ese tipo de texto: el más visto, el más aplaudido, el más seguro. Por eso todos los copys de Instagram tienen la misma estructura de tres actos. Por eso todos los textos corporativos parecen redactados por el mismo becario invisible que nunca ha pisado la empresa.
La velocidad lo acelera todo. Si antes escribir un post requería tiempo, intención y criterio, ahora cualquiera puede generar veinte textos en diez minutos. Y el problema no es la cantidad; el problema es que la cantidad ha expulsado a la reflexión. Y sin reflexión, lo único que queda es mucho ruido con muy buen léxico (o mucho ruido y pocas nueces, usando el refranero español, ese que la IA no contempla, ni por asomo).
Por cierto, la IA también tiene huella:
Mientras hablamos de lo que la IA le hace a nuestro lenguaje, vale la pena recordar lo que le hace al planeta. Entrenar un modelo de lenguaje a gran escala puede consumir tanta agua como la necesaria para fabricar varios coches. Cada consulta, cada texto generado, cada imagen creada tiene un coste energético e hídrico real. Los centros de datos que alimentan estas herramientas son grandes consumidores de agua para refrigeración, en un momento en que el agua es un recurso cada vez más escaso.
No decimos esto para generar culpa. Lo decimos porque creemos que usar las herramientas con conciencia empieza por saber qué cuestan. Usar la IA para lo que realmente aporta valor y preservar la escritura humana para lo que solo los humanos pueden hacer no es solo una decisión comunicativa, también es una decisión responsable.
Cómo encontrar (o recuperar) una voz propia:
- Lee en voz alta lo que escribes. Si suena a presentación de teletienda, empieza de nuevo. Tu voz escrita debería parecerse a cómo hablas cuando explicas algo que te importa.
- Sé específica. “Trabajamos con empresas medianas del sector industrial”, dice más que “acompañamos a organizaciones en su proceso de transformación”. La especificidad es la firma de quien sabe de qué está hablando.
- Permite las imperfecciones. Un texto con una frase rara, un humor inesperado o una opinión incómoda es más memorable que uno perfectamente pulido y completamente vacío.
Nunca habíamos producido tanto contenido. Y nunca habíamos comunicado tan poco. La paradoja es esta: la herramienta que prometía hacernos más eficientes a la hora de comunicarnos está convirtiéndonos en ecos de un patrón que nadie recuerda haber elegido de manera consciente.
Comunicar de verdad requiere tener algo que decir. Y tener algo que decir requiere haber pensado, haber dudado y haber tomado una posición. Y eso, de momento, sigue siendo cosa nuestra.